domingo

UNA AFRENTA PARA CORPES

Publicado en la revista Por Cuenta Propia, Azuqueca de Henares, octubre de 2008


…Desfallecidas se quedan, tan fuertes los golpes son,
Los briales y camisas mucha sangre los cubrió.
Bien se hartaron de pegar los infantes de Carrión,
Esforzándose por ver quién les pegaba mejor.
Ya no podían hablar Doña Elvira y Doña Sol.
En el robledal de Corpes por muertas quedan las dos.

Cantar de Mío Cid. Cantar Tercero. Anónimo.
(Versión de Pedro Salinas)
.


Siguiendo la carretera que enlaza Cogolludo y Atienza, atravesando el embalse de Alcorlo y a escasos 16 kms de la villa que dio protección al rey “niño” Alfonso, llamado con los años “el de Las Navas”, se localiza el precioso pueblo de Robledo de Corpes. Situado en la ladera del Pico del Otero, de más de 1300 m. de altura, en un paraje frío y austero cubierto por un manto de tomillo, espliego y aliagas, se encuentra esta emblemática localidad, cuya negra arquitectura ha sido conocida por las gentes castellanas desde tiempos inmemoriales. La fama medieval de sus calles de pizarra viene precedida por documentar entre sus solariegos el murmullo de uno de los episodios cumbre del Cantar de Mío Cid; concretamente el referido a la afrenta que los Infantes de Carrión realizaron sobre las hijas del Cid, Doña Elvira y Doña Sol. Sin embargo, tan sólo un solitario hito conmemorativo, cercano a la Dehesa del Robledal de la Lanzada, recuerda tan desgraciada felonía.
Cuando observo con mis propios ojos que pueblos sorianos como Castillejo de Robledo reivindican con elegancia la “legendaria afrenta”, no puedo por más que sentir envidia sana y criticar la dejadez y desidia que nuestros políticos mantienen en aspectos tan importantes como la cultura y el patrimonio de nuestra provincia, sin duda “la Gran Desconocida” para los guadalajareños. Si Robledo de Corpes es reconocido, y con creces, por la mismísima institución del Camino del Cid en su Ruta por Guadalajara, ¿por qué no se le da el mismo protagonismo desde la capital?
Consabida es la opinión de que la Afrenta sea, con seguridad, una leyenda. ¡Desde luego que la veracidad histórica de todo el poema es bastante dudosa! Incluso, los versos del Tercer Cantar sitúan el “robledal de Corpes” en un paraje cercano a San Esteban de Gormaz (“…San Esteban de Gormaz allá a la diestra se vio…”) y con Atienza a la izquierda (“…dejan a la izquierda Atienza, un fortísimo peñón…”). Sin embargo, y esto sí que es algo que no tiene discusión, no sería el primer pueblo del mundo que basa su reclamo turístico en una leyenda o fenómeno histórico de rara existencia. Pienso que el mero hecho de acoger en sus términos una historia de la magnitud de la Afrenta de Corpes, justificaría acciones políticas bastante más contundentes. Sirva para muestra la máxima que W. B. Yeats, famoso poeta irlandés, llegó a decir en su obra Crepúsculo Celta: “…las cosas que un hombre ha oído son hilos de vida, y si tira cuidadosamente de ellos, desde la confusa rueca de la memoria, quien así lo desee, puede tejerlos y formar con ellos su vestimenta."
Y digo yo: ¡qué más da si la Afrenta es o no reclamada por este u otro pueblo! ¿Por qué preocuparse de si las hijas del Cid se llamaban en verdad Cristina y María en vez de Elvira y Sol, y de si los Condes de Carrión existieron jamás? Si toda la historia fue fruto de la imaginación de un juglar no importa. Lo importante es que el Cantar existe, que Guadalajara tiene parte en él, que lo podemos leer, soñar y disfrutar en nuestra tierra y que podemos identificarnos con su leyenda, la un Mito que aún hoy, casi un milenio después, da y dará mucho de qué hablar.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Como siempre, fantástico, Juan Antonio.

Voy a seguir leyendo...

Mabel.

Mercedes Tortosa Fernández dijo...

Caminando por esa ladera
situada en el Pico del Otero,
Me senté a descansar
Pues mis pies echaban fuego.

A lo lejos unos gritos oí
Pensé que soñando estaba
Pues nunca antes había escuchado
Unos alaridos con voz humana.

¡Ay de mí, cuando pude contemplar
Con aquél horror y espanto
A dos bestias golpeando,
Tanto el cuerpo como el alma
De lo que parecían dos bellas damas!;
Presto, salí corriendo
y yo piedras les lancé
Así que, cuando me vieron
A los muy cobardes les faltaron pies.

¡Qué lástima de aquellas frágiles vidas,
inertes yacían ya!;
Pero pude socorrerlas
y ante su padre postrar.

¡Oh queridos amigos
De qué manera yo fui testigo;
Y aquella estampa en mi mente grabada quedó!

Creedme en verdad si os digo
Que lo que en Robledo de Corpes, aquél día aconteció;
No fue Leyenda ni Mito.